Esculturas

 

A N C E S T R O S

Cuando la piedra se hace transparente – o mejor aún – cuando la transparencia   se   hace piedra, se   pueden leer   todos los   sueños de la tierra.

                                    Edmond Jabés - Poeta alejandrino

El vidrio es una aleación, una síntesis de componentes, dice Marcel Paquet.

Plinio El Viejo, recordando una leyenda citada por Flavius Volpicus, cuenta su creación por mano de mercantes fenicios, los cuales, arrojados por una tempestad a orillas del río Bélus, se vieron en la necesidad de fabricar una olla donde cocinar. La hicieron mezclando arcilla con el salitre que transportaba la nave. Puesta la olla sobre el fuego, apoyada en un trípode, vieron filtrar de la reciente mezcla un nobile liquore, un cristallo liquido, un miele turchese. Era como una materia estelar emanada de las profundidades de la tierra.

Había nacido el vidrio, como se fabrica todavía hoy, de la fusión de un vitrificante, el silicio presente en la arena, mezclado con un fondente, soda o potasio y un estabilizante, yeso, hoy óxido de plomo. Nacido de la casualidad de una acción, el vidrio es un líquido en fusión, intocable con las manos, que enfriándose se solidifica.

Que haya tenido orígen según la bella historia narrada por Plinio El Viejo, o, mucho más verosimilmente, que su nacimiento ocurriera por causalidad durante el trabajo de alfareros sirios o egipcios, hace cinco mil años, este descubrimiento representa, de todas formas, uno de los advenimientos más importantes de la historia de la humanidad: no se trata sólo de lo que Goethe llamó un Urphaenomem, fenómeno originario, sino de un archi-fenomeno, o advenimiento principal, epocal.

En cuanto a nosotros, el nomadismo que caracteriza el arte contemporáneo, se inscribe en aquel más general nomadismo del trabajo que traslada un gran número de personas de una parte a otra del planeta. Época de grandes migraciones la nuestra. Encuentro, no pocas veces choque, de culturas. Quienes llegan enseñan y aprenden. Lo mismo vale para los pueblos que los acogen. Nadie permanece igual que antes. Una sociedad multiracial deviene lógicamente multicultural. El arte contemporáneo expresa necesariamente este fenómeno.

En mi trabajo, el secular arte del vidrio veneciano encuentra un artista de raíces latinoamericanas. Gemas tipicamente sudamericanas conviven con el vidrio en la misma obra. Las gemas, naturales cristales milenarios; el vidrio, creado por el hombre y transformado luego en diáfano cristal gracias al gran descubrimiento veneciano de hace quinientos años. ¿Que fuera la límpida agua lagunar de entonces a sugerir la transparencia? No sólo los materiales se encuentran, sino también las culturas. De aquí, tal vez, surge la chispa de una nueva síntesis. Un encuentro de hoy que se apoya y se nutre de antiquísimas tradiciones. Encuentro de culturas y de pueblos. Globalidad de los mercados, donde las cosas se imponen con fuerza a veces brutal. Integración de culturas, dando lugar a productos que pueden crearse y difundirse sólo a través del diálogo, necesariamente prudente, precisamente porque sus frutos son aquellos que construyen las civilizaciones. El vidrio, enseñan los venecianos, es un material de paz. En época de guerra, su producción se desmorona irremediablemente. Reafirmar la paz a través de emociones artísticas es por cierto un desafío. A su vez, el cristal expresa toda la dureza de nuestra época y al mismo tiempo su fragilidad. También representa todo su encanto, la delicadeza, la tensión hacia la transparencia.

Roberto Aguerre Ravizza